Wednesday, May 14, 2008

1st Month Balance

Ya hablamos del primer mesesito por estos rumbos...

Pasó 1 mes. Parezca o no. Calcule pues que hace un mes estaba sentado pero con afán, comiendo arepa boyacense con avena en una tienda de esquina del barrio Palermo; el pedazo capitalino que fue escenario de los acontecimientos y descubrimientos de mi existencia en los primeros meses del año 8 después de 2000.
Ole, debo detenerme un instante para compartir algo: ¡qué cosa esa! ¿Por qué será que me gustan tanto las tiendas de esquina? Lo pienso bastante y encuentro esas imágenes que tengo de ellas: llenas de afiches de hace 15 años, donde aún se ve a Higuita, su bigotote y su lunar con un vaso de frutiño, todavía dicen los avisos “Coca-Cola es así” ó “Páginas Amarillas de Publicar –Porque Publicar hace las cosas bien”, hay azúcar en bolsitas de libra o media librita de papel Manila, botellas empolvadas, latas de atún con marcas que uno nunca ha visto y jamás comería, roscones que parecen de adorno, y obvio, una señora de nombre Gladys o Blanca atendiéndolo a uno de manera medio hosca pero ¡para bolas que da miedo y se ríe de todo lo que uno dice!

Volvamos al tema, hace 30 días andaba a las carreras tratando de cargar maletas y de empezar un viaje de más de día y medio en avión para empezar la misión que Dios me llamó a hacer desde noviembre del año pasado. Y tanto era el afán de dejar todo en orden, de traer lo necesario, de no olvidar despedirme de nadie conforme a lo vivido y aprendido, de hacer las cosas necesarias para que todo quedara perfecto durante mi ausencia, que casi nada salió como debía salir; tanta prisa había que casi no pensé en los cambios dramáticos que suponen mudarse de casa, de barrio, de ciudad, de país, de continente, de mundo, de cultura, de idioma, de olores, de comida, de roles, de familia, de… ni para qué sigo. La cosa es que Dios se las traía entre manos, y ha sabido instruirme ahora para afrontar con su presencia a mi lado cada uno de estos cambios. Con uno que otro sustico y uno que otro jaloncito de orejas…

Ya no estoy en “la casa más fría del mundo”: la vetusta casa de la carrera 18 con 40 A, a la vueltita no más de la iglesia donde vivían bebiendo los mariachis de la novela; casa bella que me albergó y me dejó una millonada de experiencias de valor incalculable –¿ejemplos quiere? bueno, se le tienen: los ring tones faltando 5 pa´ las 4 am del pastuso que despertaban a todo el mundo menos a él, la duchita a las 5 am en la gélida agua cundiboyacense, los almuerzos esperando a que se acomodaran más de 10 personas en la mesa, los pasos en la escalera de madera que parecían desbaratar la casa, el tinto recién hecho, antes y después de todo, con ese inconfundible sabor andino)… Ahora ando en la 11 Pasian Street, “la casa más calurosa del mundo” por el clima de Manila en verano, y por la bella familia con la que Dios me ha puesto a compartir el anhelo de llevar su incondicional amor a corazones asiáticos. Un calor indescriptible pero absoluto, como mis 8 absolutos (¿qué, 8 absolutos? Pues si, pregúntenle a Ibargüen allá en Leticia).

Porque la cosa con Dios es que uno se forja a punta de extremos a ver de qué es que está hecha su obra ¿no? Ya no ando a las 2 de la tarde apurado por agarrar la buseta naranja hacia Colmundo TV por ese barrio Palermo tan recordado, ahora mi “barangay” es Talayan Village y ya encontré la tiendita a media cuadra (como la de doña Blanca que se reía de las verdades que yo le decía como si fueran chistes), camino al paradero del jeepney respectivo con rumbo a la UP Village; ya no estoy en Bogotá, la helada capital colombiana, donde Cristo me permitió hacer muchas cosas importantes para mi vida, donde recogí enseñanzas y promesas impresionantes; muchas de las cuales he empezado a recoger en la otra capital donde me encuentro ahora, Metro Manila; ya no ando en la tierrita que me vió nacer, porque ese viaje de 30 horas, el de hace un mes, me plantó acá en Filipinas, la tierra prometida; para empezar un ministerio que empieza a dar sus pasos gracias a ese sueño que Dios tuvo, junto con una de sus misericordias conmigo: porque eso de mandarme a mi ¡si que es misericordia! ¿no? Pues digo yo… eso a mi no se me olvida.

Ya no estoy pues en el escenario cómodo y conocido, en el controlable y predecible, rodeado de facilidades y amistades; estoy en este, el que mi Señor se propuso hace miles de años y que aprendo a conocer, desde este primer mes, con mi corazón en sus manos.

3 comments:

filipinas said...

Aqui notalgia se escribe con "J" als igual que promesa.

Felicitaciones

juliangonzalez-lema said...

como la de doña Blanca que se reía de las verdades que yo le decía como si fueran chistes...

Y tan verdades eran que mire ke me dijeron: Ez 12.28

Sandel said...

Julián,
Gracias por compartir. Se le sigue desde la distancia. Mucha suerte con la labor que ha emprendido. Salu2