
EXPEDICIÓN A
Hubo suficientes anécdotas para todos los gustos.
Habría que empezar con la ambientación… ¿Alguien ha leído el libro de Patrick Süskind, “El Perfume”? O bueno, estas nuevas generaciones… ¿han visto la película, “El Perfume”? Si, el sitio era más o menos como aquel mercado francés donde nació Jean-Baptiste Grenouille, el célebre protagonista de esa obra de arte, que se dedicó a buscar el perfume perfecto. Y se les puede asegurar que aquel lugar donde estábamos parados nunca sería destino para este hombre de delicado olfato, o para nadie de un olfato medianamente ordinario, ahí se podrán imaginar.
Llegamos a este sitio para hacer el mercado de la operación, todo por la búsqueda de frescura, calidad y buen precio, la siempre bien reputada fama que tienen estos sitios en cualquier lugar del mundo.
Y encontramos algo de esto, pero más que todo, imágenes, olores, frases, texturas para el recuerdo.
Una cabeza de pescado sostenía a la mejor manera de los stands publicitarios el precio de un kilo de sus congéneres. Pero lo demás, muy parecido a las galerías de por allá. Las cabezas de marrano colgadas adornaban todo un pasillo donde el piso estaba anegado de la sangre de estos sacrificados cerditos (y como uno acá anda en “chancla” por eso del calor tan bravo que hace imposible el uso de medias y tennis, calcúleme pues como iban los deditos del pie ahí), las gallinas amarradas en un camión patas arriba.
El detalle puede ser que acá se ven verduras que jamás en la vida se habían visto, con un gran parecido a armas de artes marciales, o a criaturas de películas de terror.
La expedición a este centro de abastos nos dejó bastante producto fresco, de calidad y de precio favorable, pero el sentido del olfato… que les digo… seriamente trastornado.
Pero esas cosas que experimentamos, a veces parecen extrañas, como que no interesan, pero si que moldean el carácter y ayudan a descubrir el camino a seguir. Entonces hay que seguir totalmente confiados en que son nimiedades de las que aprendemos mucho y seguimos... porque el mandato nos habla bien clarito en Filipenses 3:13 …pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

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