DE COMPINCHES Y AMIGOS Aunque unos posts atrás ya me había referido al asunto, al porqué la Terapia Colectiva había tomado tal viraje pues ahora estamos broadcasting from Manila Philippines, pues entonces debo dejar una vez más claridad sobre el asunto: Resulta que he sufrido, o para ser exactos, estoy disfrutando de una nueva vida... Y con conocimiento de causa puedo entonces decir que es "Gracias a Dios". Entonces la cosa es más o menos así, para que los despistados ya no me estén preguntando tanto y los otros, pues qué le vamos a hacer, se den cuenta de este testimonio.
Primero los compinches. Para saber ahora con quienes cuento de amigos, debo recordar quienes fueron mis compinches. Comento en orden aleatorio quiénes fueron por mucho tiempo los personajes centrales de mi vida. Entonces empecemos con el principal: el exceso, todo pero en exceso, trago, relaciones tormentosas, amigos de la rumba, cigarrillo, sexualidad irresponsable, egoísmo, insolencia. Sin lugar a dudas una vida dirigida por la mente o según el estado del ánimo, mejor dicho por el alma pues. Por el "yo creo" o él fatídico “a mi me parece”; por el “te recomiendo” o “te aconsejo” de esos compinches. (Aquí debo decir que , a lo George Constanza, no es que fueran ellos, era yo).

Un buen día, siguiendo los mismos patrones, yo andaba detrás de una pelada (como cosa rara); y por andar de pato a la zaga de ella y no soltarla, la acompañé a un “culto” al que asistía desde hacía 12 años. Yo fui a con ella a esa iglesia, primero por pantallero "cuidando lo mío" y segundo por novelero porque se tenía alguna curiosidad de ver cómo era el visaje ¿no?, pues nunca me había dado por ir a ninguna vaina de "esas de cristianos" cómo lo mencionaba en aquellos instantes.
Hoy en día, después de algunos meses aún recuerdo cómo estando ahí sentado, como turista en las sillas de aquel lugar como si fuera un aeropuerto, escuché el primer versículo del pastor de aquella iglesia y ¡zuáquete! Fue justo lo que yo necesité para entender, para aterrizar, abrir los ojos y ablandar el corazón. Sentí como Dios me habló de frente en ese instante y sólo a mi, sin parafernalias, sin intermediarios, sin testigos. Lo escuché y de inmediato supe que no podía dejar pasar eso desapercibido, y que lo recordaría para siempre.
“Como el perro que vuelve a su vómito, así es el necio que repite su necedad” fue suficiente… No puse cuidado al libro, al versículo ni nada, sólo sabía que eran palabras de Dios para mí, exactamente en el momento que necesitaba oírlas. Porque mi vida había transcurrido en ires y venires sobre mis mismos pasos fatuos, sobre las mismas decisiones erráticas y desafortunadas, sobre las mismas escenas inútiles de rumbas, de tragos, de personas (repito, no eran ellas, era yo), que ayudaron a ahondar las grietas de mi corazón y a endurecer sus paredes.
Desde allí hasta estos días he ido encontrando más y más razones para buscar a Dios y saber que siempre me puede hablar tan directo como el primer día. Y sé que le debo muchas cosas en mi vida, desde que fui consciente de toda su bondad, hasta que fui testigo de todo su poder para acercarse con misericordia.
Y ahora pues qué puedo decir, es lo primero que pienso en las mañanas y lo último que me pasa por l
a cabeza en las noches… (Y no se imaginan que era antes)… En fin sólo pienso en Él, y en que yo pueda ser agradable, obediente por medio de la fe y el conocimiento de su palabra.
Ahora sin duda no tengo compinches, mas tengo amigos: el Padre, que me perfecciona, me afirma, me fortalece y me establecerá; Jesús, el hijo, que me ha salvado y que tiene el carácter que debemos buscar; el Espíritu Santo que me llena de capacidad para seguir, me llenará de poder en el nuevo camino y la Palabra es sin duda mi mejor compañía cada mañana, tarde y noche.
Además de toda la gente buena y bacana que siempre ha estado a mi lado y saben que son mis amigos (y aunque al principio pensaron que estaba loco), y que están felices por todo lo que me pasa; los de la Cruzada, de Alfa y Omega y en fin, todos los hijos de Dios. La tranquilidad de saber con quienes cuento para seguir cada día, la seguridad de que nada podrá separarme de ese amor de Dios, es sin lugar a dudas la revelación más grande que he hallado en mi vida, más no la última ni la mejor. De eso estoy seguro. Y cualquier cosa nos vemos en las naciones.