¡MONTADO EN LA CINTA MIJO!

Moviendo las alacenas de mi memoria estuve cavilando sobre la pregunta que se me ha hecho frecuentemente en estos últimos días: qué cómo aprendí a hablar inglés. Y bueno, entonces quise dejar plasmado ese proceso que se inició cuando era apenas un infante adorable, por allá en el Colegio Hispanoamericano de Cali.
Cuando uno crece en un familia de tres hijos, le toca ser el del desorientado puesto de la mitad, y encima es el único hombre de los tres se corren altos riesgos en estas cosas de los juegos infantiles y esas vainas. Pero eso es otro tema. La cosa es que mis hermanas como buenas niñas, eran bien embelequeritas y tenían hartas cositas de jugar, de esas de mujeres. A mí me llamó siempre mucho la atención un aparatito que tenían: era un estuchito que traía una peineta y un espejo con muñecos de Snoopy (no desesperéis, ya voy al punto, es que se me movieron muchas fibras recordando el pajarito amigo de Snoopy y toda esa época, ahí perdonen).
El estuche en cuestión tenía una inscripción: I Love You. Yo tenía como 6 años, mas o menos, ya sabía leer y todo, entonces cuando veía el bendito cosito ese yo leía “iloveyou” en mi más prístino español. Y un día mi padre, Jaime, me explicó a las carreras que así no era, que eso significaba “Te Amo” en inglés y que se decía “ailoviu”. Ufff, eso les cuento que fue una bomba para mi pueril cerebro en esos días, quedé pensando en la cosa más de la cuenta: no podía entender que las letras que con tanto esfuerzo me había tocado aprender a pronunciar en primero de primaria ahora resultaban obsoletas porque había un idioma que se llamaba inglés en el que se decían diferente (¡Mi madre! Pensaba yo).
Pero bueno, el espejito del Snoopy desencadenó una curiosidad inusitada en mí que vivía pendiente de otras cosas (una tortuga que tenía de mascota, que se llamaba “tortuga”, las series de tv: Profesión Peligro, Manimal ó Mc Gyver, y los goles de Gareca y Cabañas en el América de esas épocas). De ahí en adelante, de una manera personal, me interesé en descifrar la cosa del “otro idioma” ese, el tal inglés. Y arranqué a mirar libritos y otras cosas infantiles en inglés.
Tiempo después la música fue mi gran aliada. Recuerdo bastante bien la primera canción que me aprendí en el idioma de Shakespeare: “You” de un grupo británico que se llamaba “Ten Sharp”
(que nadie debe recordar, ni siquiera sus mismos familiares pero vea como me dejaron a mi el recuerdo) y me sentía feliz de saber que lo que yo estaba diciendo estaba en otro idioma que los míos no entendían pero que otros si. Casi que no me quitan esa canción, decía: “You, you are always on my mind... you, you are everlasting fire... and my always shining star...2” (Ahí les dejo para que empiecen la clase).
¿Pero qué es lo relevante de esto? A ver me explico: con esto lo que pude aprender fueron las pronunciaciones por pura y básica imitación. Nunca fui amigo de aprender inglés con un profesor colombiano, digamos por ejemplo de Padilla, Cauca (que deben haber muy buenos, pero pues uno es remachadito ¿no?) porque las pronunciaciones y las frases son muy diferentes. Entonces crecí imitando cantantes, sus modos de decir las cosas y sacando buenas notas en inglés en el colegio –que ayudó bastante, también hay que decirlo-.
Ya después, me di a la tarea con la televisión y las películas. Me gustaba ver cosas en inglés y tratar de entender, y como digo de imitar. Y así pude formarme una idea amplia del idioma del estuchito.
Ahora acá nos ha tocado usar todo ese aprendizaje que como comenté en un principio, ha sido diferente para todos. Y estando en la universidad de Filipinas hemos tenido una posibilidad de aumentar lo que sabemos y de llegar a más gente.
Pero como todo, las cosas tienen sus puntos altos y bajos. A mi el método que he relatado me ha dado muy buen resultado, pero imitar mucho lo lleva a uno a terminar diciendo cosas que ha visto en películas de diversa índole: como el día que saqué del cajón mi mejor versión de ”Die Hard” y le dije a un taxista que nos estaba cobrando más plata, después de habernos embolatado yéndose por el camino que no era: (al mejor estilo de John Mc Clane) “You choose the way, I choose the money to pay!” (¡Habrase visto!) Y ¡le di lo que creíamos justo por esa carrera, 80 pesos de acá! Mejor dicho, esa frase hollywoodesca aún revienta de risas la mesa de la familia.
Sólo cabe anotar entonces muchachos que aprendan algún idiomita por ahí, con esfuerzo y valentía que esto por acá arrancó con todo. Y pues apliquen esto de Lucas 12:11Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; 12 porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.