"Para ofrecerles un mejor servicio, ¿si?"
Queridos amigos, visitantes esporádicos, desprevenidos cybernautas, clickeantes involuntarios, desocupados consumados, alarmados consiervos, papá y mamá:
Quiero anunciarles que se ha tomado una decisión al interior del consejo editorial de este blog y es que lo vamos a remozar un poco y le vamos a dar un viraje rotundo, tan rotundo que ahora en algunas ocasiones no lo voy a escribir sólo yo.
Entonces con ese primer dato, les traigo una invitada especial, para que hable de las cosas de acá, de esas vainas de mi (que yo no publico, o publico a mi favor ¿no?), y demás cositas.
Asi que aquí les dejo la primicia, la primera nota de colaboración en la historia de la Terapia Colectiva (a la que los he invitado desde que arrancamos pero nadie manda nada, si tienen datos de la vida pasada, presente y futura dignos de ser comentados y publicados, a ver, mándenlos).
Por ahora, aquí les dejo a... ¡Diana Haidiber! (la compa).
Aprovechando la invitación para escribir en este tan respetado espacio con motivo de su
re-lanzamiento quisiera contarles un poco de lo que el corresponsal no habla de si mismo pero que definitivamente hay que mencionar, como quien dice el “detrás de cámaras”, el “back stage” de las cosas.
Ser testigo de la transformación de un ser humano es de lo mas increíble que te puede pasar en esta vida de servicio al carpintero judío (tomado de un frase de librería “My boss is a jewish Carpenter”, por aquello de los derechos reservados). La verdad yo conozco hace muy poco a Julián pero puedo decir que es un personaje bastante pintoresco con una señal muy particular: DISPOSICIÓN ABSOLUTA al cambio. Pues en aras de mejorar cada vez más, y decidido a ser un hombre de carácter fuerte, ha tomado mi querido palmireño la decisión de ser radical en todas sus cosas y no dejársela montar de nadie puesto que tiene nada más y nada menos la responsabilidad de
En el ejercicio pues de ser firme, hemos tomado un taxi para ir a hablar con nuestro abogado sobre asuntos netamente legales y nos ha pasado que una vez más un taxista filipino le vio la cara de “gringo”, el acento de actor americano y pensó “aquí lo que hay es plata”, sin advertir el famoso conductor que en nuestros bolsillos había un poco mas de 20 dólares.
Entonces este respetable motorista del servicio público ha tomado la ruta más larga hacia nuestro destino, y yo, colérica desde chiquita, con un carácter exageradamente fuerte empecé a impacientarme y a decirle al conductor que nosotros no éramos bobos, que sabíamos que estaba tomando el camino más extenso, mi compañero y escritor de este blog permanecía callado como de costumbre;, aclaro que ya habíamos llegado al acuerdo de que él tomaría las riendas de las situaciones difíciles, pero como sé que eso toma tiempo pues me hice a la idea de que al taxista había que pagarle lo que nos pidiera. Cuál fue mi sorpresa cuando Julián González Lema se baja del taxi, se pone sus gafas oscuras, toma 3 dólares y con la actitud y la voz más seria del mundo le dice al taxista “You choose the way, I choose how much to pay”, le ha arrojado el billete al taxista en las piernas, se ha dado la media vuelta y se ha alejado con paso decidido. El asunto aquí es que la escena fue tan cinematográfica que yo estaba a punto de soltar la carcajada pero por aquello del apoyo mutuo pues apuré el paso y le seguí (además porque tenía susto de que el taxista nos persiguiera con cruceta en mano al mejor estilo colombiano).
15 minutos después, sentados en las sillas de espera de la oficina del abogado, hemos soltado la risa los dos sin ninguna reserva, sin saber si a la salida nos encontraríamos al taxista y a sus amigos esperando los 2 dólares que ahora mi muy radical amigo, no había querido pagarle.
Bueno, él sigue en su proceso de cambio, produciendo cada día más anécdotas que amenizan nuestro tiempos en la mesa, cosas que estoy segura podremos encontrar en esta versión recargada de Terapia Colectiva.










